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En 1740 fue bautizada con el título de Escuelas Pías de Zaragoza por el Arzobispo, adificándoles iglesia y colegio. Antes de morir regaló a la comunidad para asegurar la gratuidad de la enseñanza, varias fincas urbanas y rústicas, muy especialmente su Torre de Cascajo. Los alumnos entraron a sus aulas durante el siglo XVIII por la calle Castellán. En el siglo XIX, año 1827, se abrió una puerta más y de mayor empaque en la calle Escuelas Pías, antigua Cedacería. Y cuando a partir de 1915 el colegio ocupó toda la manzana, y le dotaron de patios más luminosos -el de la Rotonda entre ellos-, de instalaciones funcionales y de la esbelta fachada actual en Conde de Aranda, se abrieron dos nuevas entradas, una con puerta de nogal para los vigilados y otra con puerta de hierro para los internos. Por fuera todo sigue igual. Por dentro, los cambios no cesan, buscando más luz, mayor eficacia pedagógica, mejor sintonía con los signos de los tiempos. Basten como ejemplo el polideportivo, la sala de conferencias Crespo de Agüero, el Museo Bíblico, único en España, y el coquetón y recién estrenado salón de actos.
Razón le sobraba al Rey Juan Carlos para firmar el 29 de diciembre de 1978 el decreto que "declara monumento histórico artístico, de carácter nacional, al Colegio de las Escuelas Pías de Zaragoza".
Acontecimientos históricos:
Empecemos por Los Sitios de Zaragoza. Durante dos años el colegio fue cuartel, hospital y cementerio. Los Escolapios fortificaron ventanas, lunas y terrazas, ofrecieron sus personas y ayudaron a los defensores con municiones, canastos de pan y botos de vino. En la iglesia, claustros y escuelas se guareció la gente, huyendo de los bombardeos. El 15 de junio de 1808 recibió el edificio el impacto de treinta y siete proyectiles, que afectaron a las dependencias del internado y a las bóvedas de la iglesia sobre el altar mayor. De los novecientos soldados murcianos del Batallón de las Peñas de San Pedro, alojados en el colegio, murieron seiscientos, más catorce escolapios. Entre estos Escolapios muertos hay que señalar con letras de oro al P. Basilio Boggiero, maestro y consejero de Palafox, asesinado vilmente por los franceses y arrojado al Ebro la noche del 22 de febrero de 1809. Para recordarle acércate a ver su monumento sobre el arco central del Puente de Piedra, que perpetúa su nombre y su heroísmo.
Algunos de los alumnos ilustres destacan: José Palafox, Francisco Bayeu, Francisco de Goya, . entre otros. En el presbiterio de la Iglesia, en la pared del izquierda, sobre la puerta de entrada a la sacristia esta la inscripción siguiente: "La inmortal Ciudad de Zaragoza celebrando sus fiestas de primavera dedica la presente lápida al genial pintor aragonés.
Francisco de Goya Lucientes alumno que fue de este Colegio de Escuelas Pías en perenne testimonio de admiración y recuerdo Mayo 1971."
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